Jueves Mar 11

Declaración del PCE (m-l) y Unión Proletaria sobre la Guerra de Afganistan

imagen soldadoPCE (m-l) - Unión Proletaria

La situación en Afganistán se degrada a pasos acelerados, con un elevado número de víctimas civiles y con la destrucción de pueblos y zonas habitadas debido a los combates y a los bombardeos de la OTAN, que se encuentra en este país cumpliendo órdenes de Estados Unidos bajo el pretexto de “combatir al terrorismo de los talibanes” y “promover la democracia y los derechos humanos”. A pesar de la campaña propagandística del imperialismo, las justificaciones para la invasión militar caen por su propio peso, ya que los talibanes, combatientes islámicos  ultraconservadores, fueron promovidos y armados masivamente por Estados Unidos y Arabia Saudita para combatir al gobierno democrático y antiimperialista afgano y, después, la presencia soviética en Afganistán durante la década de 1980, utilizando el radicalismo fanático, no sólo contra los militares soviéticos, sino contra la población civil y todo intento de avance por sus derechos democráticos, imponiendo militarmente un régimen semifeudal, unido al  terror del fanatismo islámico de los “señores de la guerra” reconvertidos en “demócratas".

Ninguno de los que se presenta cínicamente ahora como “enemigos del terrorismo” movió un dedo cuando se sabía que estaban armados y financiados por Estados Unidos, en un período precisamente de gobierno progresista en el que las masas lograron importantes avances y sobre todo las mujeres alcanzaron los niveles de vida más dignos a lo largo de su historia. Y tampoco cuando, tras el triunfo talibán y la alianza del nuevo régimen con Estados Unidos, Europa y Pakistán entre otros, las mujeres afganas  fueron bárbaramente esclavizadas y se implantó un orden social basado en la opresión salvaje de la mayoría de la población y el oscurantismo fanático especialmente contra las mujeres, las principales víctimas de su terrorismo de masas. Ahora, los viejos aliados talibanes se han rebelado contra el amo y ya son prescindibles.

No han sido las causas humanitarias lo que mueve al imperialismo a enviar decenas de miles de militares a este país, detenido en la Edad Media, con una población mayoritariamente analfabeta, sumida en la miseria, y dividida en clanes y grupos étnicos. No es su democracia grotesca la verdadera razón de su presencia, cuando han organizado unas elecciones con una participación muy inferior al 50% de electores y caracterizada por la compra generalizada de votos a cuenta de los señores de la guerra y los traficantes de heroína. No son los “derechos humanos” lo que mueve hacia delante a los tanques y aviones de la OTAN, cuando las mujeres permanecen esclavizadas y perseguidas y la inmensa mayoría de la población malvive en una situación de espantosa miseria.

El imperialismo ha utilizado siempre el pretexto humanitario para desatar la guerra contra los pueblos. Así fue en 1938, cuando los nazis invadieron una parte de Checoslovaquia para “salvar” a la minoría alemana de la “opresión checa”. Así fue en todas las ocasiones, como durante la guerra de Yugoslavia o la de Irak, y se repite el mismo cuento con la guerra de Afganistán. Los verdaderos objetivos del imperialismo consisten en controlar la importante conducción de los recursos energéticos de petróleo y gas  que cruzan este país, situarse en un punto estratégico fundamental para hostigar a Rusia, China, Irán y la India  y también disponer de las importantes reservas de gas natural afganas, ahora explotadas incipientemente por compañías USA y las que se estiman como unas de las mayores reservas del mundo de cobre, además de oro, plata y uranio (en las montañas dominadas por los talibanes). Y en esta operación también participa el ejército español,  implicado de forma creciente en el conflicto afgano, no en “misiones de paz o humanitarias” como explica el gobierno de Zapatero, sino como mercenarios a las órdenes del imperialismo. Desde la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, el número de víctimas civiles se ha disparado, y ha crecido la inestabilidad y la disgregación del país. España se encuentra entre los países cómplices de la matanza contra el pueblo afgano. La hipocresía imperialista es indignante: en plena crisis no hay dinero para nada, el déficit sube, suben los impuestos indirectos para que paguen las masas trabajadoras, a los funcionarios se les quiere congelar el sueldo, las familias siguen ahogadas en hipotecas impagables, si es que no pierden la vivienda... pero sí hay dinero para gasto militar y expediciones al extranjero.

Por otra parte, ante la creciente resistencia contra la opresión y las acciones atroces del imperialismo por parte del pueblo afgano, resistencia que es presentada falsamente por los medios de prensa como obra de los talibanes, para justificar los crímenes de la OTAN, se dispara el número de víctimas civiles producto principalmente de los bombardeos criminales. La última “hazaña” ha sido la matanza de unas cien personas por los bombardeos del ejército de ocupación alemán, la inmensa mayoría civiles desarmados. Pero la resistencia popular está poniendo en jaque al imperialismo, que debe aumentar constantemente sus efectivos en la zona. No es casualidad que el presidente Karzai, empapado de corrupción y tráfico de drogas, sin ningún apoyo social excepto los generados por sus relaciones económicas, deba sobrevivir encerrado en la capital protegido por miles de soldados de la OTAN, mientras amasa una fortuna a costa de  descuartizar a su pueblo.

Desde el PCE (m-l) y Unión Proletaria denunciamos las atrocidades imperialistas en Afganistán, exigimos el fin de la participación del Ejército español en la ocupación imperialista. Exigimos la retirada de Afganistán de las fuerzas de ocupación de la OTAN, para que este pueblo pueda decidir libremente sobre su destino sin la injerencia del imperialismo, así como la disolución de ese organismo criminal y anacrónico destinado a sojuzgar los pueblos del mundo en interés del gran capital.





Partido Comunista de España (marxista-leninista)

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