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Crónica acto Historia y vigencia de la JSU
David Martes, 05 de Abril de 2011 23:39
Historia y vigencia de la JSU
En el 75 aniversario de la JSU, organizaciones de jóvenes comunistas de Madrid (JCE (m-l), UJC-Madrid y CJC) realizamos el pasado día 31 de marzo el acto unitario que conmemoraba la creación de la JSU como ejemplo de unidad de la juventud obrera y como ejemplo de lucha antifascista y revolucionaria.
En el acto, cada organización se encargó de un aspecto distinto del tema: repaso histórico, situación actual de la juventud y necesidad y vigencia de la unidad. La JCE (m-l), que habló de la situación actual de la juventud, subrayó la necesidad de organizar a la juventud trabajadora para la lucha por su futuro, ahora con más urgencia ante la situación económica que vivimos.
En resumen, el acto fue muy positivo, con la asistencia de jóvenes concienciados aún sin organizar pero con ganas de luchar y fue un símbolo de la voluntad de los jóvenes comunistas en Madrid por seguir trabajando juntos.
Intervención de la JCE(m-l) y fotos:
Buenos días a todos, compañeras y compañeros.
Hoy estamos aquí para conmemorar el 75 aniversario de las Juventudes Socialistas Unificadas, desde una perspectiva histórica, pero no solamente eso. Hacemos un repaso del ejemplo que fueron las JSU pero analizando el presente y con la mirada puesta en el futuro.
Por eso, es importante también ver cuál es la realidad de hoy. Y cuando decimos esto, puede parecer un rollo y que algunos piensen “joder, ya sé cómo está la juventud”. Pero siempre es importante pararnos a pensar un poco cómo están las cosas, porque si no analizamos la situación actual, la realidad; no podremos preparar acertadamente su transformación, que es nuestro objetivo, al fin y al cabo: transformar la realidad.
Hoy, más que nunca, la lógica obligada del capitalismo empuja a las multinacionales y a las potencias imperialistas (sobre todo a los EE.UU., la potencia más agresiva) a una competición sin fin, a una espiral de militarismo arrasador y de neoliberalismo, de consecuencias fatales para la clase obrera y las masas populares: miseria, guerra, racismo, explotación salvaje, terrorismo de Estado, fascismo, etc.
En la Unión Europea imperialista, debido a la crisis del capitalismo, se desarrollan tendencias reaccionarias, y todos los gobiernos están comprometidos en la construcción apresurada de los instrumentos económicos, políticos y militares que le permitan fortalecer su posición internacional para asegurar su puesto en el reparto imperialista, como estamos viendo ahora en el Mundo Árabe, por ejemplo con Libia. Al mismo tiempo, para que sus multinacionales puedan competir internacionalmente, la UE necesita aplicar recetas neoliberales y asestar nuevos ataques contra las conquistas y derechos que hemos logrado la clase obrera y las masas populares de los Estados miembros. De estas políticas salimos especialmente perjudicados los jóvenes trabajadores: debido al incremento del paro, la precariedad laboral y el recorte de salarios, que se traduce en un descenso generalizado de nuestras condiciones de vida, el capitalismo genera una gran cantidad de frustración y desarraigo juvenil.
Del franquismo a la monarquía. La derrota del movimiento juvenil popular
La transición de la dictadura franquista a la monarquía pretendía adaptar España al capitalismo europeo, y para ello se necesitaba una homologación de las estructuras políticas (la transición monárquica y la democracia burguesa) y económicas (desmantelamiento del sector público de la economía) para “modernizarse” y cumplir el papel que el imperialismo le había asignado a España.
Los jóvenes obreros y estudiantes habían sido los protagonistas del importante movimiento popular antifranquista. Sin embargo, ese movimiento se caracteriza desde un principio por una falta de perspectivas políticas claras, de desorganización, de espontaneidad, de cierta división, de parcialidad, de falta de claridad de objetivos .
A la claudicación de algunos sectores de la izquierda se sumó la degradación acelerada de la situación económica y social, y ambos incrementaron en los jóvenes el sentimiento de desconfianza y recelos contra las organizaciones, sin diferenciar claramente entre ellas. La oligarquía aprovechó esta situación y empezó a impulsar con especial fuerza el individualismo, el escepticismo, el egocentrismo, la indiferencia, la total apatía ante los problemas políticos y sociales que se estaban dando en nuestro país, utilizando para ello diversas corrientes o modas.
Años más tarde, la caída de la URSS y del muro de Berlín, propiciaba durante los años 90 una de las campañas anticomunistas más virulentas de la historia.
La situación socioeconómica de los jóvenes en España
En primer lugar debemos tener muy en cuenta la importancia que da la reacción a la corrupción ideológica y moral de los jóvenes. Los reaccionarios saben que los jóvenes estamos ansiosos de saber, que necesitamos desarrollar nuestros conocimientos, que cuando nos rebelamos contra las formas de vida “oficial” buscamos otra forma de vida que cambie la “oficial” radicalmente y todo esto lo tienen muy en cuenta para ver de qué forma pueden atraernos a su causa o como mínimo neutralizar a esos jóvenes inquietos, sembrando el individualismo, la indiferencia, la falta de solidaridad y la idea de que el ideal revolucionario es algo inútil. Y lo hacen a través de sus medios de comunicación, de las distintas instituciones oficiales, desde sus instrumentos de emisión de cultura y de diversas formas de vida y de pensamientos. Todos estos caminos que utiliza la reacción tienen como finalidad desviarnos a los jóvenes de la lucha de clases y desviarnos hacia la “lucha de generaciones”, o a la solidaridad entre las diferentes clases sociales, o convenciéndonos de que somos una “clase de marginados” que debemos rebelarnos contra la “sociedad”.
Pero la juventud no es una clase, ni nuestro problema principal es la marginación (aunque puedan ser preocupantes algunas tendencias a la marginalidad), ni nuestros enemigos son las otras generaciones o la “sociedad” en general. La juventud es un sector concreto de la población insertado igualmente en un sistema dividido en clases sociales, unas trabajadoras y otras explotadoras y nuestros problemas surgen en función del papel que tengamos reservado en el fututo como miembros de una u otra clase – y eso ya podemos verlo desde la universidad. Es precisamente contra las jóvenes trabajadores o de las clases populares contra los que van dirigidas las campañas de intoxicación ideológica de la reacción. Considerando que los jóvenes comprenden la franja de edad entre 16 y los 30 años, en España somos algo más de 8 millones de personas, el 22% de la población total. Y la inmensa mayoría de ellos somos o seremos trabajadores o bien jóvenes desempleados. Hoy, los que forman el contingente de jóvenes trabajadores asalariados, son algo más de 3 millones de personas, alrededor del 25% de la clase obrera. Y el imperialismo y sus instrumentos de dominación conocen bien la realidad de la juventud obrera y la trabajan intensamente, eso sí, con el objetivo de dormir las inquietudes de los jóvenes y asimilarnos al sistema; o bien utilizando la represión cuando no se consigue domesticarnos, (como lo hemos visto en la represión de los estudiantes anti-Bolonia, con la campaña y persecución anticomunista en el este de Europa, con la represión antes y durante la última Huelga General y recientemente con el juicio a los camaradas de los CJC en Barcelona).
Los jóvenes somos uno de los grupos sociales que más sufrimos las desigualdades, peores condiciones de vida y de trabajo. Se está dando un proceso de descomposición social que padece sobre todo la juventud. La tasa de desempleo juvenil es del 42% (en algunas zonas de España incluso superior). Según el informe FOESSA de 2005, hay un “aumento acelerado del número de jóvenes que viven en la pobreza. El 44.1 % del total de los pobres en España tiene menos de 25 años… En la pobreza extrema, más del 65 % de esas personas tienen menos de 25 años. La inestabilidad y la precariedad laboral es especialmente preocupante en la juventud, en el año 2007 el 68 %, de los jóvenes trabajadores tenía un contrato temporal; lo que imposibilita que podamos dar salida a nuestras expectativas vitales. Además de una mayor temporalidad los jóvenes tenemos “… un mayor índice de siniestralidad y una menor ganancia salarial” y “el 37 % de los accidentes laborales” y diferencias salariales que pueden llegar a los 9.000 euros anuales de media (CC.OO., agosto 2005). Todos estos datos se ven ampliamente agravados por los efectos devastadores de la crisis económica.
A esto, debemos sumar otros problemas gravísimos, como el del acceso a una vivienda digna, o la privatización y disminución de recursos de la educación pública. Con la LOGSE, que reformó el conjunto de la enseñanza básica, se abrió la puerta a la degradación acelerada de la educación, en favor de la enseñanza privada. Respecto a la enseñanza universitaria, los dictados de la UE pretenden desmantelarla poco a poco, y sustituirla por un modelo de enseñanza elitista, clasista y reaccionaria, que dificulta cada vez más el acceso de los sectores juveniles populares a una enseñanza digna. El Plan Bolonia, es la concreción actual de ese modelo neoliberal de enseñanza para toda la UE, y que como todos ya sabemos, se basa en la privatización, el funcionamiento antidemocrático de los centros, y la mercantilización de la enseñanza, abriendo la puerta de la universidad a los capitalistas para obtener plusvalía directa (centros privados y concertados) e indirecta: no basando la enseñanza en la formación integral de la persona sino en criterios de rentabilidad económica actual y futura, donde los alumnos no somos nada más que una potencial mano de obra a explotar, es decir, fuerza de trabajo para un determinado modo de producción. En este modelo, los jóvenes de la clases populares, entre otras cosas, seremos marginados de una educación superior, y segregados, por un criterio estrictamente económico.
Recapitulación
Como hemos visto, la situación de los jóvenes en España por una parte es similar en lo económico, lo cultural, las mentalidades y los valores, a la dinámica de los jóvenes de otros países imperialistas, y por otra parte, está estrechamente ligada al régimen político imperante y su historia reciente.
La mayor parte de los jóvenes vivimos las odiosas consecuencias del capitalismo, en los barrios obreros, en las fábricas, en las estructuras elitistas y competitivas de la enseñanza. Ese potencial es el que hay que organizar, para conquistar objetivos sociales y para forjar luchadores. Los jóvenes más combativos se organizan en los frentes de masas sobre la base de sus reivindicaciones, a veces de forma todavía poco consciente o espontánea. Las movilizaciones de los estudiantes por la universidad pública, antifascistas, antiimperialistas y en contra de la crisis son ejemplos clarificadores. Estos movimientos juveniles de carácter reivindicativo, desempeñan su importante función de cara a organizar a los jóvenes en general.
Pero es necesario impulsar las luchas, los movimientos y las organizaciones juveniles para contribuir a darles un carácter popular, amplio y unitario. Es necesario para combatir la tendencia a la dispersión y desorganización, dar la batalla ideológica y política, entre los sectores más avanzados de la juventud. Pero debemos tener en cuenta la extrema debilidad del movimiento comunista y de una izquierda caracterizada mayoritariamente por el reformismo, la dispersión y división, así como su institucionalización en las estructuras de la monarquía.
Los comunistas debemos ser y somos los más firmes defensores de los derechos de la juventud obrera y popular. La lucha por sus derechos es la mejor escuela para los jóvenes que no tienen formación política y que sólo la adquieren al comprender en su lucha, con quién se tienen que ir enfrentando para conseguir sus derechos. Se trata además de hacer frente de forma concreta a los planes de la burguesía de descargar su crisis sobre los trabajadores y el pueblo, y de esta forma preparar a los jóvenes para las batallas políticas que se van a desarrollar en el futuro. De esta forma también se trata de ligar las cuestiones políticas a las concretas, de no separarlas como dos mundos aparte, de que en la lucha por los problemas concretos impulsemos la lucha de clases.





