Sábado May 19

Necesitamos una izquierda sin ataduras

republicanos

Asistimos a una crisis económica equiparable a la de 1929, y a ésta se suma en España una crisis política sin precedentes.
Los partidos del régimen han perdido toda su credibilidad y cada vez convencen a menos, pues pocos confían en que sean estos quienes nos vayan a sacar de la crisis, sino que más bien es al contrario: mientras continúe el turnismo PP-PSOE los problemas se irán agravando para la clase trabajadora. De hecho, con una sanidad pública en continua precarización, unas pensiones en entredicho, un sistema educativo en vías de mercantilización (véase “Defendamos la educación pública”, en esta misma revista) y una legislación laboral que, reforma tras reforma, nos empuja hacia condiciones laborales propias del siglo XIX, a los jóvenes nos depara un futuro incierto.

Así, se hace evidente la necesidad de una nuevas reglas del juego, una nueva legalidad que permita poner en marcha medidas que respondan a los intereses de la mayoría trabajadora. No obstante, entre las diferentes organizaciones de izquierda, no todos parecen tenerlo tan claro. Pese al contexto de continua degradación del régimen monárquico, la posición que toma la coalición que lidera Cayo Lara no puede ser más defraudante: Izquierda Unida continúa, erre que erre, defendiendo la constitución vigente.

A principios de septiembre, cuando se discutía en el Congreso la reforma constitucional, pudimos ver a Gaspar Llamazares lamentándose de que se rompiese el consenso alcanzado en la Transición. Posteriomente, el 10 de octubre, Cayo Lara afirmó en un acto en Las Palmas de Gran Canaria que “el planteamiento estratégico de su organización está comtemplado en la Constitución de 1978” y llegó a asegurar que “al socialismo o casi al socialismo se puede llegar con el el marco constitucional actual” (1).

Cuando oigo estas palabras me pregunto por qué Lara se sigue aferrando a la constitución actual, un texto que mantiene en una situación privilegiada a la misma oligarquía que se levantó en 1936 contra la legalidad republicana, que no garantiza la soberanía nacional (en manos del capital fracés y alemán) ni el el control popular de los cargos públicos, que no protege los servicios públicos de la voracidad de los mercados, y que proclama derechos como el trabajo o la vivienda digna sin asegurar mecanismos que los hagan efectivos, de tal manera que no queden, como vemos a día de hoy, en papel mojado.
De la misma manera me pregunto qué lleva a Llamazares a seguir defendiendo la Transición, ¿es que no recuerda que ésta se fraguó de espaldas al pueblo en un proceso controlado por la cortes franquistas y dirigido por el falangista Adolfo Suárez, convertido entonces en demócrata de toda la vida? Quizás tampoco recuerde que se basó en la impunidad para los crímenes del franquismo y la condena al olvido a las víctimas de la dictadura, o que se desarrolló manteniendo en la ilegalidad  a toda organización que no aceptase la monarquía que impuso Franco. Ironías a parte, poco se puede esperar de quienes aún defienden la memoria de Santiago Carrillo (secretario general del PCE durante aquella “idílica” Transición). Hace pocos días pudimos oír a Cayo Lara declarar que espera que el nonagenario puede celebrar el centenario “en función de lo que es toda su trayectoria e historia política” (2), ¿a qué trayectoria se refiere, a la de ser el mayor traidor a la clase obrera de la historia reciente de España? Porque eso es lo que fue la Transición, una traición a todos los antifascistas que lucharon en la guerra civil.

Y si IU sigue sin plantearse la superación del régimen, de Equo qué os voy a contar, pues se trata de un proyecto que antepone la defensa del medio ambiente a cualquier otro asunto. Éste no puede ser el tema principal y casi único de ningún partido que aspire a gobernar, y menos en un momento en el que en España la cifra de desempleo asciende a 5 millones de parados.
La ecologista es una lucha indudablemente necesaria, pero debe ligarse siempre al anticapitalismo, pues es el modelo productivo capitalista el que se está cargando el planeta. Precisamente éste es uno de los puntos débiles de Equo: su falta de voluntad de superar el sistema productivo actual, y es que el partido de Uralde no persigue un modelo de sociedad concreto, se limita a enumerar una serie de propuestas que no son más que una declaración de buenas intenciones.
Pero, sinceramente, no me sorprende. Para conocer por donde van los tiros en este proyecto basta con buscar información de Los Verdes alemanes, uno de los principales referentes internacionales de Equo. Die Grünen (en alemán) han llegado a afirmar que no son ni de izquierdas ni de derechas, y comparten gobierno en varias regiones con la CDU (el partido de Angela Merkel), donde han prometido “segir en el camino que prometimos dentro del marco de una sociedad burguesa” (3). Ahí no queda la cosa, Los Verdes alemanes aspiran ahora a entrar en el gobierno central, y el partido de Merkel parece dispuesto a contar con ellos para tal fin: “Tenemos los suficientes puntos en común como para hacer planes de gobierno con Los Verdes”, declaró en prensa Edgar Diepgen, dirigente de la CDU (4).

Algunos podrán decirme que Alemania es Alemania y que aquí la línea política de la nueva marca verde no tiene por qué ser la misma. A estos debo contestarles que, de momento, Equo ya ha presentado lista conjunta en el Pais Valencià con Compromís, una alianza de Els Verds, Iniciativa pel Poble Valencià y el Bloc Nacionalista Valencià. Si Iniciativa son la escisión por la derecha de transfugas de Esquerra Unida, el Bloc directamente es un partido de derechas que no tiene ningún reparo en pedir públicamente ayuda económica a los empresarios valencianos (5), que son la clase social a la que representan. Además, no olvidemos que en las pasadas elecciones europeas el partido que lidera el empresario Enric Morera se presentó en la lista Coalición por Europa, candidatura en la que convergían PNV y CiU, entre otras fuerzas de la burguesía periférica.

No obstante, al margen de los clásicos (IU) y nuevos proyectos (Equo) empeñados en salvaguardar el marco jurídico vigente, irrumpe en el panorama político Republicanos, una federación que agrupa a gentes de diferentes trayectorias (independientes y organizaciones como Izquierda Republicana, ARDE o el MUP-R) pero con la firme voluntad de romper con la Transición, superar el régimen monárquico y levantar una República que garantice mecanismos de control popular sobre los cargos públicos, asegurando así una verdadera democracia al servicio de la mayoría.
Republicanos nace como una fuerza modesta, pero sin duda es el primer paso en el camino hacia la necesaria unidad popular, que tras las elecciones del 20N debe continuar avanzando.
La tarea de organizar un frente rupturista y antioligárquico no admite retrasos, ésta  es la única vía que tenemos para hacer frente de manera efectiva a la ofensiva neoliberal que nos imponen los partidos del régimen y la Europa del capital.

(1) “Al socialismo se puede llegar con la constitución española”, 11 de octubre de 2011, www.kaosenlared.net
(2) “Cayo Lara le desea a Carrillo una pronta recuperación”, 3 de octubre de 2011, www.insurgente.org
(3) “La transformación de Los Verdes en Alemania. Neoliberales en bicicleta”, 30 de septiembre de 2011, www.sinpermiso.info
(4) “La transformación de Los Verdes en Alemania. Neoliberales en bicicleta”, 30 de septiembre de 2011, www.sinpermiso.info
(5) “Enric Morera: <<A muchos empresarios les gusta el Bloc, pero no nos están ayudando mucho>>”, 9 de mayo de 2011, www.valenciaplaza.com
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