Martes Feb 07

El rincon de Ariel Asa: "El otro lado de la risa"

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“Ellos apuntan al corazón de la vanidad y, si ríes, sellas la trampa”
Belén Gopegui Lo real
Es lo que tiene ser dialéctico: salvar esta genial advertencia de esta escritora progresista de una novela suya nada lograda. En ella, se trata el típico caso de un pequeñoburgués que pretende superar unas relaciones laborales, en la industria química, y sociales por cuenta propia. Los comunistas ya sabemos como suelen acabar estos aventureros guiados por sus vacilantes y traicioneros intereses sin someterse a la dirección de la clase obrera: acaban derrotados. Al menos en la novela de Belén Gopegui el protagonista se retira a una finca suya (¡el pánico a proletarizarse les puede (nos puede)!) del coste levantino a cultivar naranjas.  ¡Pobres naranjas! Pasar del mítico simbolismo del triunfo de la gran producción de naranjas de Palestina, aniquiladas por los genocidas sionistas, y pasar de aquel bello verso que dedica Pablo Neruda a Miguel Hernández –“ese muchacho con ruiseñor manchado de naranjas y con fusil”- a pasar simbolizar al pequeño comerciante derrotado. De este químico la burguesía se ríe para aleccionar a posibles futuros intelectuales/científicos aventureros que no se atrevan a ir contra ella.
A Edmundo, protagonista de Lo real, le pasa lo mismo que a Don Quijote, como diría el filósofo Santiago Alba Rico: que no se llevó amigos para luchar juntos por el otro mundo en el que creían. Y es que eso implicaría algo más comprometedor: la politización, que es a lo que está enseñado por la burguesía a huir tanto el personaje como la narradora. Y es adocenada esta vida relatada como soporífero e infantil el estilo de la narración. No creo que salga algo más de esa retirada. Otros corrieron peor suerte. Como el Edmundo de la también nada lograda novela Gracias por el fuego del progresista escritor uruguayo Mario Benedetti que decide suicidarse por ser incapaz de superar la supuesta incompatibilidad de su acomodada situación económica y su incipiente toma de conciencia política y rebeldía respecto de su entorno. Un sadomasoquismo muy al gusto burgués como diría el crítico literario José Antonio Fortes. Es muy sorprendente este final que le da Benedetti. Se ve que se ha tragado de lleno el prejuicio lanzado por los burgueses, utilizando la reaccionaria ideología cristiana y la reaccionaria ideología anarquista que predica la nivelación de todos por los parias por abajo, de que los luchadores, los rebeldes deben ser pobres si es que quieren luchar. Es completamente falso y un absurdo al estilo del puritanismo santurrón.  Cada uno desde su posición social toma conciencia de la realidad y busca transformarla a su alcance ideológico y material. ¡Sería el mejor deseo de la burguesía que todos los que deciden rebelarse, y de impotencia y confusión mental, decidan suicidarse! Se ríe de nosotros a través de los nuestros.


Todo pasa por no saber con quién está uno cuando se lanza al campo de batalla. Ni por saber quiénes son los tuyos – amigos- y quiénes son los otros – enemigos. Y es que este confusionismo, unas veces cobarde y otras, canalla - es frecuente en la literatura que llega a la clase obrera. Como decía Lenin, ésta será fruto de mil engaños si no aprende a distinguir detrás de cada palabra, detrás de cada frase, detrás de cada hecho de quiénes son los intereses a los que sirve. Después de Lenin ya ningún ámbito de la vida queda como neutral ni por supuesto la risa.


Quisiera tratar un otro lado de la risa. No de esa mala de ellos contra nosotros, sino de esa de nosotros contra nosotros. Mientras leía la aburrida novela de Gopegui, cuando me topé con esa frase y el párrafo que la explicaba me sentí muy identificado. Más que nada porque he caído muchas veces en esa trampa de la que habla Belén. En el libro se refiere a cuando hacemos amigos el tema de la unión suele ser la burla de un tercero. Y es cuando –ellos- tus futuros compañeros de trabajo apuntan a tu corazón de vanidad elogiándote algo acosta de quitárselo a un tercero, del que juntos os reís y entonces es cuando caes en la trampa. La risa es muchas veces tan cruel que te sale espontánea. Lo bueno es que nadie somos perfectos y todos podemos ser objetos de risa. Lo malo que es que muchos necesitan de esa risa tramposa para crearse nuevas relaciones de compañerismo. Generalmente si después te remuerde la conciencia es que esos nuevos compañeros no están en el mismo lado que tú.


La comunicación es relacional y por supuesto que al conectar con otros nuevos compañeros el tema de arranque y agarre puede y suele ser los comentarios referidos a terceros. La trampa de la risa consiste en que se da por motivos superficiales, motivos engañosos. El personaje femenino de la novela que explica la frase debatida y admirada se refería a que el motivo en el trabajo eran los vestidos, pero puede ser otros tantos como el color de la piel, el sexo, el choque cultural, etc. No es fácil darte cuenta de ellos a primera vista, pero la práctica te enseña a identificarlos. No existen bloques claros entre un ellos y un nosotros, máxime en esta sociedad donde la escala social está tan diversificada en la apariencia, pero eso no quita que en el fondo siguen persistiendo las clases sociales y sus respectivos juegos de intereses. En el mundo laboral hay tantas divisiones jerárquicas que en la interrelación entre todos es fácil que surjan comunicaciones variopintas y entre ellas chantajes emocionales. Esos son más agresivos y falseados cuanta más sea la competencia en las relaciones sociales. Ésa es la raíz profunda de la trampa de la risa: la competencia capitalista y que te llega a traicionar a tus amigos y a aliarte con gente ajena a tus intereses. De la madurez y práctica de cada uno depende darse cuenta de ello.


Y es que hay algo peor que caer en esa trampa de la que hablamos: y es la traición. Dice el sociólogo Fernando Abad Buen Domínguez que la máxima excitación de un liberal es la traición, que cuando un burgués traiciona siente un máximo placer semejante al orgasmo. Es bueno recordar que el liberalismo es la justificación ideológica del capitalismo, para darnos cuenta de que sus máximos valores como el individualismo y la competitividad son contrarios a la unidad de la clase obrera y a la cooperación y solidaridad entre los trabajadores. Y esto afecta a todos nuestros niveles de comportamiento. Y la risa, es un anzuelo para entretener, para embrutecer y para entrometer que ellos utilizan para dividirnos, acomplejarnos y aislarnos.  Para poner al día todos los motivos por habidos y por haber que nos separen. Ese falso compañerismo creado a partir de estas falsas risas puede llegar a borrar los confines de la conciencia, del respeto y de la responsabilidad. Cuenta Santiago Alba Rico en La ciudad intangible el caso de cuando los blancos imperialistas lograron aniquilar una tribu africana solo porque a los africanos les entró la risa y no pudieron parar de reírse de los blancos invasores. Perecieron completamente como pueblo. La risa es un factor tan ligado al contexto que su desconocimiento y su descontrol pueden llevar a la perdición personal y también colectiva. Por eso a las personas que ríen solas y sin sentido las llamamos locas.


Las ciencias naturales nos han demostrado que la risa es sana y las ciencias sociales nos han demostrado que reírse de todo no es bueno. Una de las tesis principales del filósofo Alba Rico pasa por demostrar que para recuperar y defender el mundo y para derrotar el capitalismo para por el establecimiento de límites. Al capitalismo le interesan una sociedad de adultos infantilizados que no sepan ponerse límites que lo mismo aprueban un chiste malvado y antisocial que un chasquido para destruir un pueblo. El dibujante Miguel Brieva demuestra en sus dibujos la estrecha relación entre los violentos y los graciosillos. Nuestros programas de máxima audiencia no son los de análisis político sino de humor de actualidad social. Como diría el politólogo Juan Carlos Monedero: un circo cada vez más malo y un pan cada vez más escaso. Si seguimos sin distinguir lo que se esconde detrás de las risas y las seguimos, corremos el riesgo de ser derrotados mientras sorprendentemente nos partimos de risa.


Es inevitable que venga al recuerdo la insufrible novela del escritor Umberto Eco El nombre de la rosa donde unos monjes de laberintos se pelean por un manuscrito de Aristóteles sobre la risa. Ya algunos, aunque alejados del mundo, intuían la relación entre la risa y el respeto. En los diarios de algunos periodistas europeos que viajaron a la Unión Soviética se ve como se sorprenden de la seriedad del pueblo soviético. Ni que decir tiene que los soviéticos conocían la máxima risa, pero sabían medirla, es porque conocían los límites y es directamente proporcional a que era una población con las necesidades básicas satisfechas y con la suficiente conciencia del mundo en que vive. Saber reír es tener medida del mundo y sobretodo es saber respetarlo. Tenemos que saber alejar a los que se aprovechan de ese chantaje emocional que es la risa tramposa alimentando borracheras aventureras, vanidosas y egoístas y ganándonos compañeros mediante la cooperación para la lucha por el socialismo, la integridad personal y grupal, y la búsqueda conjunta de sabiduría.
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